"748. Ese era mi número , o mi nombre,como prefirais.Quizás nací en una vieja granja,situada en alguna parte de Reino Unido,o quizá nací en otro lugar. Es difícil para un animal como yo tener amplios conceptos en geografía o, simplemente, ser capaz de ordenar mis recuerdos. En mi estado actual, tales ideas no tienen cabida en mi enorme cerebro de toro.
¿Os habéis sorprendido? Es lógico. Quizás estuvierais pensando que el número que mencioné al iniciar estos pensamientos era referente a una de aquellas personas que fueron torturadas por unos tipos trajeados en Alemania y que,con este relato, iba a contar mis penas. Pues no,siento decepcionaros. No soy una persona,nunca lo he sido y nunca lo seré. Soy un toro,me guio por instintos y,probablemente, mañana no recuerde nada de lo que estoy pensando ahora mismo.
Pero me temo que no tengo mucho tiempo para este tipo de cavilaciones,así que iré al grano.
Es menester que os hable de los primeros recuerdos que vienen a mi mente, quizá así podáis intuir cual es mi estado actual. Estos recuerdos se remontan a hace dos días. Si, dos.¿Qué esperábais? ¿Creíais que iba a hablar de mi infancia? ¿De mis padres? No tengo recuerdos, a menos que sean de rutinas. No puedo ordenarlos,ya os lo dije. Además, esto no es para una revista sensacionalista, así que esos datos,nos los ahorraremos. Lo que realmente os importa, y mucho (es por vuestro bien,creánme), es lo que me está ocurriendo:
-Hace dos días, ni más ni menos,mientras pastaba tranquilamente con el sol estival dorandome el lomo, me picó un diminuto animal con alas. Uno de los humanos que se encargaban de mis cuidados, comentó que posiblemente había sido un mosquito africano. Yo,no tengo ni idea de lo que fue...Así que el debate sobre el animal que perforó con su diminuto agijón mi querido ojo y que,posteriormente, dejó algun tipo de extraña sustancia dentro de él, os lo dejo a vosotros. A mi no me interesa saber qué es, si no por qué lo hizo.
Esa misma noche,tras el pequeño percance con el mosquito africano o pakistaní, mi cuerpo sucumbió a una fiebre espantosa. Fui apartado del resto del ganado, quienes murmuraban sobre mi estado, inventando historias que resultaban del todo inverosímiles. Por ejemplo, la más increíble de todas, fue la que escuché de boca de la Señora Vaca 034,quien me señaló con su horrible rabo y añadió: "A este le quedan dos días contados...Ya veréis...Mañana estará como el otro...Comiendose el cabello de los humanos".
Si, yo tampoco entendí lo de "comiendose cabellos humanos". Era absurdo...Pero, esa vieja vaca me hizo pensar en lo que le ocurrió al "otro".
Veréis, yo no lo recuerdo, pero cuentan que hace un par de años desapareció de la granja un toro. Su número era 187 y también le picó un mosquito (pero el suyo era asiático,o eso dicen) mientras pastaba. Esa misma noche, estuvo muy enfermo y fue presa de la fiebre. Al día siguiente,desapareció. Lo único que se sabe es que uno de nuestros cuidadores lo sorprendió comiendose "el cabello" de una humana,y le asestó un par de tiros. Murió. Una lástima,porque al parecer era un buen semental,según viejos rumores.
El caso es que,después de divagar mucho durante esa noche, lo de "comer cabello humano" no tenía ningún sentido.
Pero al día siguiente, cuando desperté, ya no estaba en la granja. Seguía teniendo fiebre, me costaba respirar y no conseguía ponerme en pie. Si a ese estado le sumáis que estaba perdido en medio de un bosque y que no sabía cómo había llegado allí, ya os podéis imaginar la desesperación que sentía.
Permanecí tumbado sobre el pasto mientras el sol me cegaba por completo y hacía enormes esfuerzos por respirar. Cuatro horas después,cuando la fiebre o lo que diablos tuviera volvió a subir, me dejé morir. Cinco minutos después, resucité ( y no,no soy Dios).
Pensé que solo me había quedado dormido y que esa "resurrección" no era más que el despertar. Pero algo me dice que no fue así. Nada más despertar o resucitar, como vosotros queráis llamarlo, la fiebre había desaparecido y sentí que tenia muchisima hambre pero,por más que comía, no había manera de hacerla desaparecer. Vomitaba el pasto,el agua...Todo lo que engullía. Hasta que vi algo que me fascinó.
Un humano venía corriendo hacia mi. Intenté salir a su encuentro, pero mis pasos se habían vuelto pesados y lentos,así que decidí tumbarme y esperar. Nunca he sido muy activo, para que vamos a engañarnos.
Mi olfato se había intensificado y,pude percibir, el olor dulzón que desprendía el humano que se aproximaba a mí. El hambre me estaba matando.
Del encuentro con este ser, que resulto ser un cuidador mio que había salido a buscarme, poco consigo recordar. La única imagen que mi cerebro (o lo que queda de él) se empeña en recordar es el momento en el que arranqué , no sin esfuerzo, con ayuda de mi mandíbula, una parte de su cráneo y,posteriormente, me alimenté del contenido que había en su interior (si,era el cerebro, no el cabello como decía la otra loca).
Así que esa es mi historia. Sonará increíble,pero es cierta. Tan cierta como lo es que mi piel se está pudriendo,lentamente.
No es por gusto por lo que os cuento estos acontecimientos, no es muy agradable decir que los zombies existen, y que yo soy uno de ellos. Pero necesito encontrar a algun otro ser como yo...Algo me dice que ese mosquito me eligió por algo... Quizá pueda dominar el mundo algún día,quizá..."
Mientras Zombull (si,había abandonado su antiguo número) se encontraba sumido en sus pensamientos, en otra parte del mundo a un pequeño gatito le estaba ocurriendo algo similar...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario